El diseño arquitectónico es, en cierta medida, un ejercicio pictórico: el claroscuro, el volumen, la textura y la luz.
Las vanguardias resultaron paradigmáticas en la medida en que le otorgaron al diseño la capacidad de subvertir: no es gratuito que la casa sea un cubo negro emplazado en el trópico colombiano.


Ubicada en el municipio de El Retiro, en el departamento de Antioquia, la casa MH se compone de un primer nivel público, pétreo y sólido, que soporta, a su vez, a la caja en madera oscura horadada que integra a las habitaciones, lo doméstico y ligero que, en apariencia, flota sobre la vegetación.


La fachada es una apuesta pictórica y una contestación frente el paisaje; así como Luis Fernando Peláez trata el tiempo en sus obras a través de la ubicuidad del sujeto en la permanencia, MH es una propuesta temporal, que no solo contrasta su entorno, sino que no se inmuta a sus transformaciones.
El cubo debe resaltar, no por su grandilocuencia, sino por ser un punto de referencia en el paisaje, de esta manera, el resultado arquitectónico no deviene de la mimesis, sino del contraste: es un ejercicio racional que se entiende como complemento del bosque circundante.
El volumen trabaja con dos categorías del horadado: en el primer nivel, lo pétreo, al abrirse, busca abrazar a los patios en un juego entre interior-exterior; en el segundo nivel, el cubo en madera, abre vanos que enmarcan el paisaje lejano referenciándose en la casa Malaparte de Adalberto Libero.
El interior reinterpreta el contraste exterior en tanto propone un claroscuro; la intención del diseño pasa de la referencialidad a lo doméstico. Rescata los talking pit, se compone de claridad y, paradójicamente, aprovecha la transparencia para conversar continuamente con su entorno.
De esta manera, el mobiliario es complementario a la materialidad de la casa. El la textura la que remplaza al revestimiento, define su paleta de colores desde la pureza constructiva.
La distribución interna es proporcional a su volumetría, en este sentido, el programa se desarrolla en una arquitectura elongada y se entiende a sí misma como una nave que integra y no segmenta.
MH resulta de un ejercicio en planta que se traduce en una materialidad donde prima el componente pictórico frente su contexto natural. Se concibe desde la referencialidad y se constituye como un volumen que se bate entre lo hermético y lo permeable, que construye un juego de planos que derivan en la sombra y en la integración.